Aeropuerto bajo presión

El Prat vuela alto. El fuerte crecimiento del tráfico del aeropuerto hace que los despegues y aterrizajes sean cada vez más seguidos y se generen situaciones difíciles de gestionar, especialmente en las horas punta y, en verano, prácticamente a lo largo de toda la jornada. No hay riesgo para la seguridad, pero sí estrés en la torre y en el centro de control, así como en las cabinas de los aviones. Y perjuicios para los viajeros.

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